Saludo en el lanzamiento de Click to Pray

4 marzo 2016

“Misioneros de la Misericordia en la Era Digital”

Decía el Santo Padre a los Obispos de México en su reciente visita:

“La irreversible hibridación de la tecnología hace cercano lo que está lejano pero, lamentablemente, hace distante lo que debería estar cerca[1].”

Así nos sintetiza una realidad que vivimos cada día. En la era de las comunicaciones se viven, como nunca antes se han vivido, estados de profunda soledad e incomunicación. Cada uno con su propio dispositivo (computadoras, celular, Tablet) está conectado demasiado frecuentemente con el mundo, compartiendo cada momento (con fotos y breves textos) con amigos y “folowers”, que con orgullo cuenta a miles, pero con una gran incapacidad de relacionarse directamente con el que está a su lado, padres, hermanos, familia, e incluso con quien ha elegido para compartir su propia vida, amigos, marido, esposa o hijos…

Recuerdo una vez en un restaurante una parejita que se veía que estaba festejando algún aniversario, los dos muy elegantes, una mesa muy romántica con una velita encendida, todo muy bonito, pero en vez de estar el uno mirando al otro y compartiendo con él este momento, estaba cada uno con su celular compartiendo con otros que no estaban ni en la mesa ni en ese ratito de íntima celebración.

Son muchas las situaciones hoy en las que verificamos como lo lejano se nos hace cercano, pero lo cercano se nos hace lamentablemente lejano.

Esto se da por muchos motivos, pero fundamentalmente porque es más fácil relacionarse con el otro desde la virtualidad, puesto que no nos exige un compromiso personal (cuando no queremos relacionarnos más cerramos el chat, en la vida real no se puede) y porque la realidad virtual, con su multimedialidad, se presenta muchas veces más “divertida” y más “fácil” que la vida real (cuando me canso o me aburre, cambio de programa, cambio de amigo o apago el dispositivo).

Así se cambia la esencial potencialidad que ofrece la Era digital, aquella maravillosa ayuda que nos dan los medios tecnológicos de tender puentes entre las personas, acercar distancias, suprimir espacios, tiempos y lenguas, crear redes, que es la expresión digital de lo que en la Iglesia llamamos “comunión”.

La Era digital, justamente es la gran oportunidad de acercar, de ayudar, de colaborar, de compartir. Separarnos de la vida real, ignorar la fascinante experiencia de la realidad real, del compartir con el que está junto a mí, del construir el “cada momento” y la historia con los que me rodean, es una desviación del sentido de lo que nos ofrecen los instrumentos tecnológicos. Estos deben ser una ayuda para que la relación interpersonal sea más intensa y no más distante.

Por ello, en una correcta hermenéutica y utilización de todo lo que nos ofrece la Era Digital, nuestro corazón y nuestra inteligencia deben desarrollar todas las posibilidades y potencias para que cada hombre pueda vivir más intensamente la relación con el que tenemos cerca, con el que está lejos, con la realidad, con el creado y con Dios. La tecnología es un instrumento maravilloso para ayudar al corazón y la inteligencia a amar más, a ayudar más, a comprometerse más en la vida. Nos lo decía el Papa Francisco en el mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año:

“…los correos electrónicos, los mensajes de texto, las redes sociales, los foros pueden ser formas de comunicación plenamente humanas. No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre”[2].

Este es el punto central, es la maravilla del corazón del hombre la que puede hacer la síntesis cultural, y poner los instrumentos tecnológicos y toda la realidad al servicio del hombre y de la humanidad, en una relación de responsabilidad y no de dominio incontrolado, como nos enseña abundantemente la Laudato si’.

La tecnología puede ser una verdadera ayuda para el hombre si, como dice el Papa Francisco en el Mensaje citado: “El encuentro entre la comunicación y la misericordia es fecundo en la medida en que genera una proximidad que se hace cargo, consuela, cura, acompaña y celebra.”

Por este motivo nos encontramos aquí, en el lanzamiento de “Clic to Pray”, iniciativa del Apostolado de la Oración, para acompañar la vida de los cristianos, ayudándonos a caminar en nuestra vida cotidiana con Dios y en Dios.

Utilizando un instrumento que es parte de la vida de gran parte de la humanidad, como es el teléfono celular, con un aplicativo simple e intuitivo, nos presentan hoy en formato electrónico, como han hecho siempre con las pequeñas hojitas que uno llevaba en el bolsillo, una oración para poder rezar durante el día.

Esta App no quiere sustituir las antiguas maneras analógicas (la hojita) que han acompañado y acompañan generaciones de cristianos que en el mundo han rezado y rezan todos los días por las intenciones del Santo Padre, que acarician de amor y de intercesión a toda la humanidad.

Esta iniciativa propia de la Era y de la cultura Digital, se suma, como una nueva oportunidad, para incrementar la oración que, desde un confín al otro de la tierra, a lo largo y ancho de mundo y con los distintos usos horarios, crea durante toda la jornada una cadena y un flujo de oración que va hacia Dios y lo hace presente en la vida y en la historia de cada uno de nosotros y de la humanidad.

Esta simple aplicación, nos llama, nos avisa, nos convoca a hacer una pequeñísima pausa en nuestra jornada, para acordarnos de Dios, para acordarnos de nuestros hermanos. Como antes las campanas marcaban la jornada de los cristianos, ahora es un pequeño “bip” de nuestro celular el que nos llama a la oración.

Está claro que el celular por su cuenta no reza, solo nos llama, nos presenta una pequeña oración para encender nuestro corazón y nuestra mente, pero será siempre el hombre a involucrarse en el proceso de amor a Dios y al hermano.

Para finalizar, quisiera destacar otro punto importante de la oración que también nos ofrece esta App, el hecho de crear comunidad, que en el lenguaje digital llamamos “red”. Al respecto, el Papa Francisco en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Comunicación de año pasado nos decía:

“La comunicación contribuye a dar forma a la vocación misionera de toda la Iglesia; y las redes sociales son hoy uno de los lugares donde vivir esta vocación redescubriendo la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo. También en el contexto de la comunicación sirve una Iglesia que logre llevar calor y encender los corazones.”

La oración no es una “cosa privada”, no es una manera de “calmar el estrés”, la oración es un “encuentro con Dios y con el hermano”, es “un acto de amor”, es “una experiencia de amor”. Esta experiencia no puede ser vivida en privado, ha de ser comunicada a quien nos rodea, el mundo ha de darse cuenta por la calidad y la hermosura de la vida de un cristiano que reza. Por ello es una fuerza que debe transformar la sociedad.

Hoy, podríamos decir, nuestra cultura es una “Cultura Digital”, por lo tanto, si el cristiano está ha llamado a Evangelizar la cultura y a ser misionero en el ambiente en el que se encuentra, podemos decir que nosotros, hoy, somos “Misioneros Digitales”. Debemos vivir y llevar a Dios en las claves de la cultura contemporánea.

El Apostolado de la Oración nos regala hoy esta hermosa sorpresa e iniciativa, un instrumento que nos ayudará y acompañará a vivir nuestras jornadas caminando en Dios.

Gracias, felicitaciones, y que sea una verdadera bendición para el mundo y la humanidad.

Monseñor Lucio Ruiz, Secretario de la Secretaría de Comunicación

[1] Encuentro con los obispos de México, discurso del Santo Padre, Catedral Metropolitana, Ciudad de México, sábado 13 de febrero de 2016

[2] Mensaje del Santo Padre Francisco para la 50 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2016, Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo

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