Nuestro ritmo diario de oración tiene al menos tres momentos claves.

Tenemos muchas formas de vivirlos: con una imagen de Jesús o un crucifijo, estar en un lugar especial de nuestra casa, recitar tal o cual oración sugerida, usar medios digitales, etc.

Con Jesús por la mañana

Al iniciar el día, en un momento de silencio, nos unimos a a Jesús Resucitado que está con nosotros. Pedimos al Padre estar disponibles para la misión de su Hijo durante esta nueva jornada, ofreciéndole lo que somos y tenemos. Esta ofrenda la podemos hacer con nuestras propias palabras o apoyándonos en una oración de ofrecimiento escrita. Pedimos al Espíritu Santo que abra nuestro corazón a las necesidades y desafíos de la humanidad y la misión de la Iglesia, y oramos por ellos según las intenciones del Papa para este mes.

Con Jesús durante el día

En diversos momentos a lo largo del día, de camino o en un descanso, en la casa o en el trabajo, tomamos conciencia de estar en la presencia del Señor y le renovamos nuestra disponibilidad “a trabajar con Él en el día y vigilar en la noche” (Ejercicios Espirituales de San Ignacio, 93).

Con Jesús por la noche

Al finalizar el día, en un momento de silencio, pedimos al Espíritu Santo que nos permita reconocer la presencia de Jesús con nosotros durante esta jornada, y se lo agradecemos. Nos preguntamos de qué manera hemos estado disponibles para su misión y también le damos gracias. Revisamos los obstáculos que hemos puesto a su acción en nuestra vida y le pedimos que, en su misericordia, transforme nuestro corazón. Le pedimos ayuda para vivir el día siguiente unidos a Él. Jesús nos da su bendición.