Venezuela, RMOP - AP

Director Nacional - P. ALVARO LACASTA, S.J.

Address: Iglesia de San Francisco, Avenida Universidad, Caracas, Venezuela
Email: aporlacasta@hotmail.com
Web: http://apostolado.org.ve/

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PEDIDO DE ORACIÓN DEL PAPA
CAMPAÑA ESPECIAL OCTUBRE 2018.

El Papa Francisco ha pedido a su “Red Mundial de Oración” que ayude a todos los fieles a rezar más intensamente este mes de octubre.
Durante este mes de octubre el Santo Padre nos pide a todos los fieles un esfuerzo mayor en nuestra oración personal y comunitaria. Nos invita a rezar el Santo Rosario cada día para que la Virgen María ayude a la Iglesia en estos tiempos de crisis, y a rezar al Arcángel San Miguel para que la defienda de los ataques del demonio. Según la tradición espiritual Miguel es el jefe de los ejércitos celestes y protector de la Iglesia (Apocalipsis 12, 7-9).
El Papa Francisco Padre nos invita al final del Rosario a concluir con la más antigua invocación a la Santa Madre de Dios “Sub Tuum Praesidium” y con la oración tradicional a San Miguel escrita por León XIII:
“Bajo tu amparo” Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!
Oración a San Miguel Arcángel:
“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén”.
La “Red Mundial de Oración del Papa” inicia este 1ero de octubre, con Santa Teresita de Lisieux, este mes intenso de oración.
P. Frédéric Fornos SJ - Director Internacional.
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PEDIDO DE ORACIÓN DEL PAPA 
CAMPAÑA ESPECIAL OCTUBRE 2018.

El Papa Francisco ha pedido a su “Red Mundial de Oración” que ayude a todos los fieles a rezar más intensamente este mes de octubre.
Durante este mes de octubre el Santo Padre nos pide a todos los fieles un esfuerzo mayor en nuestra oración personal y comunitaria. Nos invita a rezar el Santo Rosario cada día para que la Virgen María ayude a la Iglesia en estos tiempos de crisis, y a rezar al Arcángel San Miguel para que la defienda de los ataques del demonio. Según la tradición espiritual Miguel es el jefe de los ejércitos celestes y protector de la Iglesia (Apocalipsis 12, 7-9). 
El Papa Francisco Padre nos invita al final del Rosario a concluir con la más antigua invocación a la Santa Madre de Dios “Sub Tuum Praesidium” y con la oración tradicional a San Miguel escrita por León XIII: 
“Bajo tu amparo” Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita! 
Oración a San Miguel Arcángel: 
“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén”. 
La “Red Mundial de Oración del Papa” inicia este 1ero de octubre, con Santa Teresita de Lisieux, este mes intenso de oración. 
P. Frédéric Fornos SJ - Director Internacional.

INTENCIÓN DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE
CONFIADAS A LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN - OCTUBRE 2018

Por la evangelización: La misión de los consagrados
“Para que los consagrados y las consagradas despierten su fervor misionero y estén presentes entre los pobres, los marginados y con los que no tienen voz”.

“El primer objetivo del Año de la Vida consagrada es mirar al pasado con gratitud. Cada Instituto viene de una rica historia carismática. En sus orígenes se hace presente la acción de Dios que, en su Espíritu, llama a algunas personas a seguir de cerca a Cristo, para traducir el Evangelio en una particular forma de vida, a leer con los ojos de la fe los signos de los tiempos, a responder creativamente a las necesidades de la Iglesia.

Este Año nos llama también a vivir el presente con pasión. La memoria agradecida del pasado nos impulsa, escuchando atentamente lo que el Espíritu dice a la Iglesia de hoy, a poner en práctica de manera cada vez más profunda los aspectos constitutivos de nuestra vida consagrada.

El Año de la Vida Consagrada nos interpela sobre la fidelidad a la misión que se nos ha confiado. Nuestros ministerios, nuestras obras, nuestras presencias, ¿responden a lo que el Espíritu ha pedido a nuestros fundadores, son adecuados para abordar su finalidad en la sociedad y en la Iglesia de hoy? ¿Hay algo que hemos de cambiar? ¿Tenemos la misma pasión por nuestro pueblo, somos cercanos a él hasta compartir sus penas y alegrías, así como para comprender verdaderamente sus necesidades y poder ofrecer nuestra contribución para responder a ellas? En una sociedad del enfrentamiento, de difícil convivencia entre las diferentes culturas, de la prepotencia con los más débiles, de las desigualdades, estamos llamados a ofrecer un modelo concreto de comunidad que, a través del reconocimiento de la dignidad de cada persona y del compartir el don que cada uno lleva consigo, permite vivir en relaciones fraternas.

Abrazar el futuro con esperanza quiere ser el tercer objetivo de este Año. Conocemos las dificultades que afronta la vida consagrada en sus diversas formas: la disminución de vocaciones y el envejecimiento, sobre todo en el mundo occidental, los problemas económicos como consecuencia de la grave crisis financiera mundial, los retos de la internacionalidad y la globalización, las insidias del relativismo, la marginación y la irrelevancia social... Precisamente en estas incertidumbres, que compartimos con muchos de nuestros contemporáneos, se levanta nuestra esperanza, fruto de la fe en el Señor de la historia, que sigue repitiendo: «No tengas miedo, que yo estoy contigo» (Jr 1,8).

Espero de vosotros, además, lo que pido a todos los miembros de la Iglesia: salir de sí mismos para ir a las periferias existenciales. «Id al mundo entero», fue la última palabra que Jesús dirigió a los suyos, y que sigue dirigiéndonos hoy a todos nosotros (cf. Mc 16,15). Hay toda una humanidad que espera: personas que han perdido toda esperanza, familias en dificultad, niños abandonados, jóvenes sin futuro alguno, enfermos y ancianos abandonados, ricos hartos de bienes y con el corazón vacío, hombres y mujeres en busca del sentido de la vida, sedientos de lo divino...”

(Carta Apostólica del Santo Padre Francisco con ocasión del Año de la Vida Consagrada, 21 de noviembre de 2014)

COMENTARIO PASTORAL

El papa vuelve a repetir un punto que nunca falta en ninguna alocución: “ir a las periferias existenciales” cumpliendo el mandato del Resucitado: vayan al mundo entero. Se refiere en concreto a “personas que han perdido toda esperanza, familias en dificultad, niños abandonados, jóvenes sin futuro alguno, enfermos y ancianos abandonados, ricos hartos de bienes y con el corazón vacío, hombres y mujeres en busca del sentido de la vida, sedientos de lo divino”. Pide “gestos concretos de acogida a los refugiados, de cercanía a los pobres, de creatividad en la catequesis, en el anuncio del Evangelio, en la iniciación a la vida de oración”.

Lo más llamativo de este mundo, en lo que más reluce que es una situación de pecado, es la acentuación galopante de las diferencias por el número creciente de desechados del sistema. Por eso, ir a las periferias, tal como las describe el papa es signo inequívoco de trascendencia, que no podrá llevarse a cabo sin ese anclaje en Jesucristo que es el motivo de fondo de toda la carta.

Él sabe que eso no será posible si lo que hay es intocable, por eso pide y espera “que se aligeren las estructuras, se reutilicen las grandes casas en favor de obras más acordes a las necesidades actuales de evangelización y de caridad, se adapten las obras a las nuevas necesidades”. Un verdadero cambio estructural en una dirección trascendente.

El papa pide que no se dé por supuesto nada, que no sobreentendamos que, por ser religiosos, hacemos lo que Dios quiere de nosotros. Nos pide que escuchemos y respondamos al grito de los pobres. En esta situación de pecado, no es una de tantas cosas, es en la que se juega nuestra fidelidad fundamental al Señor Jesús que nos ha llamado a su seguimiento. Por eso concluye el punto diciendo: “Sólo con esta atención a las necesidades del mundo y con la docilidad al Espíritu, este Año de la Vida Consagrada se transformará en un auténtico kairòs, un tiempo de Dios lleno de gracia y de transformación”. Dios quiere salvar a la vida religiosa y le quiere dar un tiempo de gracia, pero eso sólo acontecerá cuando la vida religiosa se ponga en camino de ayudar con todas sus fuerzas a la salvación de los desechados por el orden establecido.

Naturalmente que para que se dé esta salvación de los de abajo, es imprescindible también la solidaridad de muchos profesionales y la conversión de muchos endiosados que provocan el empobrecimiento y la exclusión. Por eso el papa se refiere también a la necesidad de reunirse, tanto los institutos de vida contemplativa como los destinados a ejercer la caridad para encontrar juntos “la forma de acoger y acompañar a los que están en busca de una vida espiritual más intensa o tienen necesidad de apoyo moral o material”. Pero entendiendo que no son dos direcciones desligadas, ya que, como bien va diciendo a través de toda la carta, sólo si nos afincamos en Cristo, iremos a las periferias y el ir a ellas es el mayor signo de conversión.
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INTENCIÓN DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE 
CONFIADAS A LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN - OCTUBRE 2018

Por la evangelización: La misión de los consagrados
“Para que los consagrados y las consagradas despierten su fervor misionero y estén presentes entre los pobres, los marginados y con los que no tienen voz”.

“El primer objetivo del Año de la Vida consagrada es mirar al pasado con gratitud. Cada Instituto viene de una rica historia carismática. En sus orígenes se hace presente la acción de Dios que, en su Espíritu, llama a algunas personas a seguir de cerca a Cristo, para traducir el Evangelio en una particular forma de vida, a leer con los ojos de la fe los signos de los tiempos, a responder creativamente a las necesidades de la Iglesia.

Este Año nos llama también a vivir el presente con pasión. La memoria agradecida del pasado nos impulsa, escuchando atentamente lo que el Espíritu dice a la Iglesia de hoy, a poner en práctica de manera cada vez más profunda los aspectos constitutivos de nuestra vida consagrada.

El Año de la Vida Consagrada nos interpela sobre la fidelidad a la misión que se nos ha confiado. Nuestros ministerios, nuestras obras, nuestras presencias, ¿responden a lo que el Espíritu ha pedido a nuestros fundadores, son adecuados para abordar su finalidad en la sociedad y en la Iglesia de hoy? ¿Hay algo que hemos de cambiar? ¿Tenemos la misma pasión por nuestro pueblo, somos cercanos a él hasta compartir sus penas y alegrías, así como para comprender verdaderamente sus necesidades y poder ofrecer nuestra contribución para responder a ellas? En una sociedad del enfrentamiento, de difícil convivencia entre las diferentes culturas, de la prepotencia con los más débiles, de las desigualdades, estamos llamados a ofrecer un modelo concreto de comunidad que, a través del reconocimiento de la dignidad de cada persona y del compartir el don que cada uno lleva consigo, permite vivir en relaciones fraternas.

Abrazar el futuro con esperanza quiere ser el tercer objetivo de este Año. Conocemos las dificultades que afronta la vida consagrada en sus diversas formas: la disminución de vocaciones y el envejecimiento, sobre todo en el mundo occidental, los problemas económicos como consecuencia de la grave crisis financiera mundial, los retos de la internacionalidad y la globalización, las insidias del relativismo, la marginación y la irrelevancia social... Precisamente en estas incertidumbres, que compartimos con muchos de nuestros contemporáneos, se levanta nuestra esperanza, fruto de la fe en el Señor de la historia, que sigue repitiendo: «No tengas miedo, que yo estoy contigo» (Jr 1,8).

Espero de vosotros, además, lo que pido a todos los miembros de la Iglesia: salir de sí mismos para ir a las periferias existenciales. «Id al mundo entero», fue la última palabra que Jesús dirigió a los suyos, y que sigue dirigiéndonos hoy a todos nosotros (cf. Mc 16,15). Hay toda una humanidad que espera: personas que han perdido toda esperanza, familias en dificultad, niños abandonados, jóvenes sin futuro alguno, enfermos y ancianos abandonados, ricos hartos de bienes y con el corazón vacío, hombres y mujeres en busca del sentido de la vida, sedientos de lo divino...”

(Carta Apostólica del Santo Padre Francisco con ocasión del Año de la Vida Consagrada, 21 de noviembre de 2014)

COMENTARIO PASTORAL

El papa vuelve a repetir un punto que nunca falta en ninguna alocución: “ir a las periferias existenciales” cumpliendo el mandato del Resucitado: vayan al mundo entero. Se refiere en concreto a “personas que han perdido toda esperanza, familias en dificultad, niños abandonados, jóvenes sin futuro alguno, enfermos y ancianos abandonados, ricos hartos de bienes y con el corazón vacío, hombres y mujeres en busca del sentido de la vida, sedientos de lo divino”. Pide “gestos concretos de acogida a los refugiados, de cercanía a los pobres, de creatividad en la catequesis, en el anuncio del Evangelio, en la iniciación a la vida de oración”.

Lo más llamativo de este mundo, en lo que más reluce que es una situación de pecado, es la acentuación galopante de las diferencias por el número creciente de desechados del sistema. Por eso, ir a las periferias, tal como las describe el papa es signo inequívoco de trascendencia, que no podrá llevarse a cabo sin ese anclaje en Jesucristo que es el motivo de fondo de toda la carta.

Él sabe que eso no será posible si lo que hay es intocable, por eso pide y espera “que se aligeren las estructuras, se reutilicen las grandes casas en favor de obras más acordes a las necesidades actuales de evangelización y de caridad, se adapten las obras a las nuevas necesidades”. Un verdadero cambio estructural en una dirección trascendente.

El papa pide que no se dé por supuesto nada, que no sobreentendamos que, por ser religiosos, hacemos lo que Dios quiere de nosotros. Nos pide que escuchemos y respondamos al grito de los pobres. En esta situación de pecado, no es una de tantas cosas, es en la que se juega nuestra fidelidad fundamental al Señor Jesús que nos ha llamado a su seguimiento. Por eso concluye el punto diciendo: “Sólo con esta atención a las necesidades del mundo y con la docilidad al Espíritu, este Año de la Vida Consagrada se transformará en un auténtico kairòs, un tiempo de Dios lleno de gracia y de transformación”. Dios quiere salvar a la vida religiosa y le quiere dar un tiempo de gracia, pero eso sólo acontecerá cuando la vida religiosa se ponga en camino de ayudar con todas sus fuerzas a la salvación de los desechados por el orden establecido.

Naturalmente que para que se dé esta salvación de los de abajo, es imprescindible también la solidaridad de muchos profesionales y la conversión de muchos endiosados que provocan el empobrecimiento y la exclusión. Por eso el papa se refiere también a la necesidad de reunirse, tanto los institutos de vida contemplativa como los destinados a ejercer la caridad para encontrar juntos “la forma de acoger y acompañar a los que están en busca de una vida espiritual más intensa o tienen necesidad de apoyo moral o material”. Pero entendiendo que no son dos direcciones desligadas, ya que, como bien va diciendo a través de toda la carta, sólo si nos afincamos en Cristo, iremos a las periferias y el ir a ellas es el mayor signo de conversión.

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE CONFIADAS A
LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN - SEPTIEMBRE 2018

Por la evangelización : Los jóvenes de África
“Para que los jóvenes del continente africano tengan acceso a la educación y al trabajo en sus propios países”.

“El Santo Concilio Ecuménico considera atentamente la importancia gravísima de la educación en la vida del hombre y su influjo cada vez mayor en el progreso social contemporáneo. En realidad, la verdadera educación de la juventud, e incluso también una constante formación de los adultos, se hace más fácil y más urgente en las circunstancias actuales.

Porque los hombres, mucho más conscientes de su propia dignidad y deber, desean participar cada vez más activamente en la vida social y sobre todo en la económica y política; los maravillosos progresos de la técnica y de la investigación científica, los nuevos medios de comunicación social, ofrecen a los hombres, que con frecuencia se ven libres de otras ocupaciones en largos espacios de tiempo, la oportunidad de acercarse con facilidad al patrimonio de la inteligencia y de la cultura del espíritu y de ayudarse mutuamente con una comunicación más estrecha de los grupos y de los mismos pueblos.

En consecuencia, por todas partes se realizan esfuerzos para promover más y más la obra de la educación; se declaran y se afirman en documentos públicos los derechos primarios de los hombres y sobre todo de los niños y de los padres con respecto a la educación.

Como aumenta rápidamente el número de los alumnos, se multiplican por doquier y se perfeccionan las escuelas y otros centros de educación. Los métodos de educación y de enseñanza se van perfeccionando con nuevas experiencias. Se hacen esfuerzos por cierto grandes para llevarlas a todos los hombres, aunque muchos niños y jóvenes están privados todavía de la instrucción incluso fundamental, y tantos otros carecen de una educación conveniente, en la que se cultiva a un tiempo la verdad y la caridad”.

(Papa Paulo VI)

COMENTARIO PASTORAL

“La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”, decía Nelson Mandela. Tiene razón el gran líder africano y por eso, si se satisface el derecho de los niños, jóvenes y adultos a la educación, se fundamenta una vida humana digna y una sociedad mucho mejor.
Ninguna persona normal, ninguna legislación, ningún gobierno lo niegan, pero en la práctica muchos no lo cumplen, especialmente en África. Por indolencia, por abuso, por avaricia de los adultos, muchos niños crecen sin educación formal.
“Hay 150 millones de niños esclavos, muchos de ellos en África subsahariana, con trabajos de sol a sol, sufriendo todo tipo de maltratos. Son niños inocentes, que debían estar jugando, riendo, soñando, aprendiendo.
Cada año mueren por esta moderna esclavitud 22.000 de ellos. Poca pérdida para las mafias de trata de personas, que ganan 150.000 millones de dólares al año, un negocio ilegal solo superado por el tráfico de drogas y de armas.” (Alfa y Omega, 1018, 23 de marzo 2017)

Alrededor de 89 millones de jóvenes de entre 12 y 24 años no van a la escuela en África al sur del Sahara, por lo cual de adultos no tendrán puestos de trabajo o los tendrán mal pagados.
Son casi la mitad de toda la población en edad escolar, lo cual se une a la deserción prevista de más de 40 millones de alumnos en los próximos años, debido a la distancia de los centros escolares, a la falta de alimento, a la baja calidad educativa, al ingreso temprano en el mercado laboral y al matrimonio precoz, especialmente de las niñas. Todo esto les hará enfrentarse a un futuro incierto, debido a la falta de habilidades adecuadas.

En Mali, “para responder a estos desafíos, el Gobierno y el Grupo Banco Mundial trabajaron juntos en el diseño y la puesta en marcha de un programa integral de desarrollo de la fuerza laboral y la iniciativa empresarial con el fin de proporcionar alfabetización, habilidades técnicas y empresariales, complementadas con incentivos para la creación de empleos adicionales, a más de 30.000 jóvenes pobres y vulnerables de zonas urbanas y rurales.”

Es cierto que se ha progresado: “en 1999 había 82 millones de niños en las escuelas africanas, y en 2010 la cifra ascendía a casi 133 millones. Sin embargo, son muchos los retos que restan por cumplir.
No sólo para llegar a la universalización de la educación básica, sino para que ésta venga acompañada de procesos de aprendizaje significativos y perdurables, que contribuyan a la emancipación de los educandos, y se realice en las condiciones ambientales idóneas, disponiendo de recursos materiales y servicios a la altura de nuestro tiempo y, muy especialmente, contando con personas capaces, voluntariosas, cualificadas y sensibles a los ritmos, formas y modos de vida.”

Queda muchísimo por hacer, y el papa Francisco, tan sensible a los problemas de la humanidad, nos pide que roguemos este mes para que se avance en la solución de este problema de la educación en África, que tanto afecta a la vida actual y futura de millones de personas.

F. Javier Duplá sj.
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INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE CONFIADAS A 
LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN - SEPTIEMBRE 2018

Por la evangelización : Los jóvenes de África
“Para que los jóvenes del continente africano tengan acceso a la educación y al trabajo en sus propios países”.

“El Santo Concilio Ecuménico considera atentamente la importancia gravísima de la educación en la vida del hombre y su influjo cada vez mayor en el progreso social contemporáneo. En realidad, la verdadera educación de la juventud, e incluso también una constante formación de los adultos, se hace más fácil y más urgente en las circunstancias actuales. 

Porque los hombres, mucho más conscientes de su propia dignidad y deber, desean participar cada vez más activamente en la vida social y sobre todo en la económica y política; los maravillosos progresos de la técnica y de la investigación científica, los nuevos medios de comunicación social, ofrecen a los hombres, que con frecuencia se ven libres de otras ocupaciones en largos espacios de tiempo, la oportunidad de acercarse con facilidad al patrimonio de la inteligencia y de la cultura del espíritu y de ayudarse mutuamente con una comunicación más estrecha de los grupos y de los mismos pueblos.

En consecuencia, por todas partes se realizan esfuerzos para promover más y más la obra de la educación; se declaran y se afirman en documentos públicos los derechos primarios de los hombres y sobre todo de los niños y de los padres con respecto a la educación.

 Como aumenta rápidamente el número de los alumnos, se multiplican por doquier y se perfeccionan las escuelas y otros centros de educación. Los métodos de educación y de enseñanza se van perfeccionando con nuevas experiencias. Se hacen esfuerzos por cierto grandes para llevarlas a todos los hombres, aunque muchos niños y jóvenes están privados todavía de la instrucción incluso fundamental, y tantos otros carecen de una educación conveniente, en la que se cultiva a un tiempo la verdad y la caridad”.

(Papa Paulo VI)

COMENTARIO  PASTORAL

“La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”, decía Nelson Mandela. Tiene razón el gran líder africano y por eso, si se satisface el derecho de los niños, jóvenes y adultos a la educación, se fundamenta una vida humana digna y una sociedad mucho mejor.
 Ninguna persona normal, ninguna legislación, ningún gobierno lo niegan, pero en la práctica muchos no lo cumplen, especialmente en África. Por indolencia, por abuso, por avaricia de los adultos, muchos niños crecen sin educación formal. 
“Hay 150 millones de niños esclavos, muchos de ellos en África subsahariana, con trabajos de sol a sol, sufriendo todo tipo de maltratos. Son niños inocentes, que debían estar jugando, riendo, soñando, aprendiendo. 
Cada año mueren por esta moderna esclavitud 22.000 de ellos. Poca pérdida para las mafias de trata de personas, que ganan 150.000 millones de dólares al año, un negocio ilegal solo superado por el tráfico de drogas y de armas.” (Alfa y Omega, 1018, 23 de marzo 2017)

Alrededor de 89 millones de jóvenes de entre 12 y 24 años no van a la escuela en África al sur del Sahara, por lo cual de adultos no tendrán puestos de trabajo o los tendrán mal pagados. 
Son casi la mitad de toda la población en edad escolar, lo cual se une a la deserción prevista de más de 40 millones de alumnos en los próximos años, debido a la distancia de los centros escolares, a la falta de alimento, a la baja calidad educativa, al ingreso temprano en el mercado laboral y al matrimonio precoz, especialmente de las niñas. Todo esto les hará enfrentarse a un futuro incierto, debido a la falta de habilidades adecuadas. 

En Mali, “para responder a estos desafíos, el Gobierno y el Grupo Banco Mundial trabajaron juntos en el diseño y la puesta en marcha de un programa integral de desarrollo de la fuerza laboral y la iniciativa empresarial con el fin de proporcionar alfabetización, habilidades técnicas y empresariales, complementadas con incentivos para la creación de empleos adicionales, a más de 30.000 jóvenes pobres y vulnerables de zonas urbanas y rurales.” 

Es cierto que se ha progresado: “en 1999 había 82 millones de niños en las escuelas africanas, y en 2010 la cifra ascendía a casi 133 millones. Sin embargo, son muchos los retos que restan por cumplir.
 No sólo para llegar a la universalización de la educación básica, sino para que ésta venga acompañada de procesos de aprendizaje significativos y perdurables, que contribuyan a la emancipación de los educandos, y se realice en las condiciones ambientales idóneas, disponiendo de recursos materiales y servicios a la altura de nuestro tiempo y, muy especialmente, contando con personas capaces, voluntariosas, cualificadas y sensibles a los ritmos, formas y modos de vida.” 

Queda muchísimo por hacer, y el papa Francisco, tan sensible a los problemas de la humanidad, nos pide que roguemos este mes para que se avance en la solución de este problema de la educación en África, que tanto afecta a la vida actual y futura de millones de personas. 

F. Javier Duplá sj.
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