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Monseñor Óscar Arnulfo Romero

Arzobispo de San Salvador

Nacimiento 15 de agosto, 1917
Ciudad Barrios, El Salvador
Ordenación
sacerdotal 4 de abril, 1942
Consagración
episcopal 21 de junio, 1970 por el
Mons. Girolamo Prigione
Obispo
Fallecimiento 24 de marzo, 1980

Óscar Arnulfo Romero y Galdámez (* Ciudad Barrios, El Salvador; 15 de agosto de 1917 –† San Salvador, (Id.), 24 de marzo de 1980) conocido como Monseñor Romero,[1] fue un sacerdote católico salvadoreño, cuarto arzobispo metropolitano de San Salvador (1977-1980). Se volvió célebre por su predicación en defensa de los derechos humanos y murió asesinado en el ejercicio de su ministerio pastoral.

Como arzobispo, denunció en sus homilías dominicales numerosas violaciones de los derechos humanos y manifestó públicamente su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país.
Su asesinato provocó la protesta internacional en demanda del respeto a los derechos humanos en El Salvador. Dentro de la Iglesia Católica se le consideró un obispo que defendía la "opción preferencial por los pobres". En una de sus homilías, Monseñor Romero afirmó: "
La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres, así la Iglesia encuentra su salvación." (11 de noviembre de 1977)
En 1994, una causa para su canonización fue abierta por su sucesor Arturo Rivera y Damas; Monseñor Romero recibió el título de Siervo de Dios.
El proceso de canonización continúa. En Latinoamérica muchos se refieren a él como San Romero de América.
Fuera de la Iglesia Católica, Romero es honrado por otras denominaciones religiosas de la cristiandad, incluyendo a la Comunión Anglicana.]
Él es uno de los diez mártires del siglo XX representados en las estatuas de la Abadía de Westminster, en Londres
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UN GRAN LIBRO PARA UN GRAN HOMBRE...
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4 days ago

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INTENCIÓN UNIVERSAL – AGOSTO 2017

Por los artistas.
Por los artistas de nuestro tiempo, para que, a través de las obras de su creatividad, nos ayuden a todos a descubrir la belleza de la creación.

“Después de haber dicho que Dios creó el hombre y la mujer «a imagen suya» (cf. Gn 1, 27), la Biblia añade que les confió la tarea de dominar la tierra (cf. Gn 1, 28). Fue en el último día de la creación (cf. Gn 1, 28-31).

En los días precedentes, como marcando el ritmo de la evolución cósmica, el Señor había creado el universo. Al final creó al hombre, el fruto más noble de su proyecto, al cual sometió el mundo visible como un inmenso campo donde expresar su capacidad creadora.
Así pues, Dios ha llamado al hombre a la existencia, transmitiéndole la tarea de ser artífice. En la «creación artística» el hombre se revela más que nunca «imagen de Dios» y lleva a cabo esta tarea ante todo plasmando la estupenda «materia» de la propia humanidad y, después, ejerciendo un dominio creativo sobre el universo que le rodea.
El Artista divino, con admirable condescendencia, trasmite al artista humano un destello de su sabiduría trascendente, llamándolo a compartir su potencia creadora (...)

No todos están llamados a ser artistas en el sentido específico de la palabra. Sin embargo, según la expresión del Génesis, a cada hombre se le confía la tarea de ser artífice de la propia vida; en cierto modo, debe hacer de ella una obra de arte, una obra maestra (...) al modelar una obra el artista se expresa a sí mismo hasta el punto de que su producción es un reflejo singular de su mismo ser, de lo que él es y de cómo es.
Esto se confirma en la historia de la humanidad, pues el artista, cuando realiza una obra maestra, no sólo da vida a su obra, sino que, por medio de ella, en cierto modo, descubre también su propia personalidad. En el arte encuentra una dimensión nueva y un canal extraordinario de expresión para su crecimiento espiritual.
Por medio de las obras realizadas, el artista habla y se comunica con los otros. La historia del arte, por ello, no es sólo historia de las obras, sino también de los hombres. Las obras de arte hablan de sus autores, introducen en el conocimiento de su intimidad y revelan la original contribución que ofrecen a la historia de la cultura.

La auténtica intuición artística va más allá de lo que perciben los sentidos y, penetrando la realidad, intenta interpretar su misterio escondido.

Dicha intuición brota de lo más íntimo del alma humana, allí donde la aspiración a dar sentido a la propia vida se ve acompañada por la percepción fugaz de la belleza y de la unidad misteriosa de las cosas.

Todos los artistas tienen en común la experiencia de la distancia insondable que existe entre la obra de sus manos, por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativo: lo que logran expresar en lo que pintan, esculpen o crean es sólo un tenue reflejo del esplendor que durante unos instantes ha brillado ante los ojos de su espíritu. El creyente no se maravilla de esto: sabe que por un momento se ha asomado al abismo de luz que tiene su fuente originaria en Dios.

El arte, incluso más allá de sus expresiones más típicamente religiosas, cuando es auténtico, tiene una íntima afinidad con el mundo de la fe, de modo que, hasta en las condiciones de mayor desapego de la cultura respecto a la Iglesia, precisamente el arte continúa siendo una especie de puente tendido hacia la experiencia religiosa.
En cuanto búsqueda de la belleza, fruto de una imaginación que va más allá de lo cotidiano, es por su naturaleza una especie de llamada al Misterio. Incluso cuando escudriña las profundidades más oscuras del alma o los aspectos más desconcertantes del mal, el artista se hace de algún modo voz de la expectativa universal de redención.”

(Carta de S.S. Juan Pablo II a los artistas, 4 de abril de 1999)

COMENTARIO PASTORAL

Al concluir el Concilio Vaticano II los padres conciliares saludaban así a los artistas: «Este mundo en que vivimos —decían— tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, pone alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste a la usura del tiempo, que une a las generaciones y las hace comunicarse en la admiración».

Los artistas son creadores de belleza y así manifiestan el rostro de Dios y su voluntad de hacernos copartícipes de su ser. Pero los artistas no son seres especiales y distintos, una especie de extraterrestres alejados de los demás mortales. Es más, todos tenemos algo de artista, porque sabemos transformar un fragmento de la realidad material o inmaterial y convertirlo en algo hermoso, agradable, útil o placentero.

Los buenos escritores y los poetas nos llevan a mundos de hermosura inmaterial y saben reflejar lo mejor del ser humano (a veces también lo peor); los músicos son capaces de elevarnos hasta regiones de sentimiento y belleza nunca antes sospechadas que nos acercan a las armonías celestiales que algún día sentiremos; los arquitectos elevan monumentos de grandiosidad y belleza que sorprenden y saben expresar el dominio de la materia y la capacidad de acogida; los pintores y escultores expresan la realidad o su imaginación en formas atrevidas y sutiles que extasían…

Estos son artistas “oficiales”, pero también el ama de casa que prepara unos buñuelos pensando en su marido y sus hijos; el hombre que sorprende a su familia con un paseo a un lugar insospechado; el adolescente que inventa juegos distintos para sus hermanitos; el ingeniero que encuentra soluciones inéditas a un diseño de cañerías; el psicólogo o el psiquiatra que es capaz de devolver la paz del alma a personas angustiadas… son artistas, son creadores, son transformadores de la realidad para que hacer que ella sepa mejor y nos haga mejores. Que descubramos la belleza de la creación a través del arte creador es la intención del apostolado de la oración que el Papa nos propone para este mes. Hermosa intención que acompañaremos con gusto.

P. F. Javier Duplá sj.
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4 days ago

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50 ANIVERSARIO DE ORDENACION SACERDOTAL DEL PADRE ALVARO LACASTA LARRE S.J.


1 Corintios, 2-9

“…decidí no saber otra cosa

que de Jesucristo,

y éste crucificado”.



Cuando llegué a ustedes, hermanos, para anunciarles el misterio de Dios no me presenté con gran elocuencia y sabiduría: al contrario decidí no saber de otra cosa que de Jesucristo, y éste crucificado. Débil y templando de miedo me presenté ante ustedes; mi mensaje y proclamación no se apoyaban en palabras sabias y persuasivas, sino en la demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no se fundase en la sabiduría humana, sino en el poder divino.

A los maduros en la fe les proponemos una sabiduría: no sabiduría de este mundo o de los jefes de este mundo, que van siendo derribados. Proponemos la sabiduría de Dios,
misteriosa y secreta, la que Él preparó desde antiguo para nuestra gloria. Ningún príncipe de este mundo la conoció: porque de haberla conocido, no habrían crucificado al Señor de la gloria.

Pero está escrito: Ningún ojo vio, ni oído oyó, ni mente humana concibió, lo que Dios preparó para quienes lo aman.

50 ANIVERSARIO

Ordenación Sacerdotal de Álvaro Lacasta Larré, S.J. en el Santuario de Loyola, 15 de julio de 1967.

Eucaristía de Acción de Gracias: Basílica Nuestra Señora del Pilar, Zaragoza 15 de julio de 2017, 12 m.

♦♦♦♦♦

Primera misa celebrada: Sabiñánigo, Parroquia Cristo Rey, el 23 de julio de 1967

Eucaristía de Acción de Gracias:

Parroquia Cristo Rey el

23 de julio de 2017, 10:30 am.



A MAYOR GLORIA DE DIOS
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1 month ago

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Miriam Rosangel Guido de SalvadorMuchas felicitaciones y bendiciones

1 month ago   ·  1
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